Agricultura Sostenible 

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Con la comida no se juega

¿Playa o la montaña? ¿Carne o pescado? ¿Agricultura ecológica o convencional? ¿Por qué decantarnos por una opción u otra, si podemos elegir lo mejor de cada una de ellas?
 

Estamos asistiendo a un debate, en el que la confrontación es la única protagonista y que enfrenta con ahínco la agricultura ecológica con la agricultura convencional. Personalmente creo que una no puede ni debe excluir a la otra, que ambas son y deben ser compatibles y coexistir y que no podemos renunciar a lo que una y otra nos aportan.

La agricultura como cualquier otro sector productivo se ha desarrollado y evolucionado mucho con los años y, por fortuna, sigue mejorando en todos sus aspectos. Gracias a ello y aunque cada vez somos más, podemos alimentarnos. La cuestión es que podamos seguir haciéndolo y para eso nuestra Agricultura con mayúsculas, la que contempla la coexistencia de diferentes modelos, tiene que ser sostenible, productiva y respetuosa con el medioambiente.

El tema se complica cuando algunos aspectos e informaciones alimentan la contienda entre ambas agriculturas y nos llevan a la confusión, como cuando, sin base científica, se afirman algunos beneficios de los productos ecológicos o cuando, erróneamente, se identifican las bondades de la agricultura ecológica con las de la proximidad de los mercados y las cadenas cortas de comercialización.

Al margen de este debate, lo cierto es que todas las formas de agricultura y ganadería generan residuos y todas tienen que gestionarlos correctamente. Podríamos enumerar un sinfín de ellos como los films y plásticos acolchados, neumáticos, baterías, tubos de riego, envases vacíos. Algunos de los productos envasados que usa el agricultor tienen el logo de SIGFITO y por lo tanto nuestro sistema se hace cargo de esos envases vacíos, pero para los demás productos el agricultor debe contratar a un gestor autorizado y hacer su declaración anual a la administración. Este trámite tan complicado  hace que en la agricultura ecológica el tema de los envases vacíos esté peor resuelto, ya que utiliza más productos no gestionados por Sigfito que la convencional.

También es cierto que la agricultura más intensiva usa más plásticos de invernadero, monos de aplicación, mascarillas, mantas, etc... y, como no son envases, tampoco podemos ocuparnos de esos residuos, con lo cual su gestión se complica porque hay que contratar a un gestor autorizado etc...

El caso de las trampas agrarias, que se colocan en los cultivos para atrapar a los insectos que originan las plagas y enfermedades debería hacernos reflexionar. Es un gran avance en la lucha contra las plagas y es indiscutible que medioambientalmente es una muy buena práctica, pero no lo será  si no conseguimos tratar correctamente las trampas llenas de insectos al final de su vida útil. De nuevo el complicado trámite... y la realidad es que el agricultor lo tiene francamente difícil.

En definitiva tenemos que dejar a un lado las confrontaciones y solucionar los problemas que nos atañen a todos y en concreto el de los residuos. Si no lo hacemos corremos el riesgo de dañar la imagen de nuestra Agricultura que es claramente exportadora y una gran potencia en producción ecológica. En este caso no hay elección posible porque con el futuro y con la comida no se juega. 

 

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